¿Formar un equipo o formar al jugador?

¿Formar un equipo o formar al jugador?

Por desgracia, la mayor parte de los entrenadores intentan formar un equipo, es decir, sólo piensan en conseguir los mejores resultados de manera conjunta, resultados numéricos y que se olvidan en gran parte del progreso individual de cada jugador, dejando a un lado la formación individual en favor de la idea de que el triunfo es sinónimo de un gran trabajo de equipo, cosa que por otro lado también puede ser cierta siempre y cuando no dejemos de lado a la totalidad de los niños que lo componen ya que nuestro deber no es sólo «ganar con los que mejor juegan».

No debemos olvidar que los niños juegan al fútbol para aprender y sobre todo para divertirse, no entienden de presiones externas.
El objetivo no debe ser tener un gran equipo para ganar ligas y torneos. Son niños, juegan para divertirse y quieren aprender y mejorar, a lo que nosotros, entrenadores y algunos padres, no siempre ayudamos sino que perjudicamos a la hora de utilizarlos para cargarlos de culpa, responsabilidad y también de méritos y alabanzas. Por lo general todos colaboramos a ello, todos queremos tener buenos equipos, anteponemos las victorias del equipo sobre las mejoras personales de los niños y por supuesto que este no es el camino, tenemos que mirar un poco más allá.

El objetivo principal debería ser formar al jugador, educar niños, siempre partiendo desde un punto de vista individual, contextualizado en un deporte colectivo, para que con el tiempo puedan individualmente aportar y sumar a la mejora de un equipo. Cada niño exigirá un ritmo de aprendizaje, partirá de una base menor o mayor, tendrá mejores o peores cualidades, mejorará, empeorará, maravillará, desesperará o sorprenderá… Pero lo importante es que crezca, aprenda valores individuales y generales para aplicarlos a un deporte de equipo, poniendo si cabe un mayor énfasis en los futbolísticos. El «resultado» o «consecuencia» en el grupo llegará con el tiempo, démosles ese tiempo.

Cada etapa tiene sus objetivos, y el fútbol base tiene que tener un carácter eminentemente formativo.
El fútbol base debe basarse primero en la mejora individual de cada niño, en su crecimiento, en su educación futbolística y como persona en el mundo del deporte. El trabajo en equipo y su formación posteriormente como conjunto será consecuencia y llegará tras la mejora individual de cada niño. Los resultados, triste y tempranamente exigidos por las personas más cercanas a ellos, llegarán con el tiempo y serán la consecuencia final de cumplir adecuadamente con estos primeros pasos.

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